sábado, 22 de febrero de 2020

No hay dónde






Ni regreso ni voy a ningún lugar
que no conozcas
(estuve en estos días revisando viejos cajones)
Ni inculco la nostalgia  ni lo bello ni lo oscuro
No soy proselitista con vos, ni me limpio contigo.
Tu corazón es único, tiene tu estatura.
y yo tengo el mío.
Fronteriza tu piel, fronteriza la mía.
Intento perdonarme. Que no te perturbe mi asombro
Estoy hecho de esas mismas piedritas que pisan tus pies.
Se nace y el mal está hecho
lamento no haberte consultado.
Espero del mundo, que estés con él.
Espero de vos que estés con él.
La siesta del barrio, los amigos queridos, el balcón, y el ex baldío
( el asunto se complica a veces…)
Ni regreso…no hay dónde



sábado, 15 de febrero de 2020

Hice lo que pude con eso....








Mi padre me dejó lo mejor de él…hice lo que pude con eso.
Íbamos a la orilla del Paraná a pescar. Loma Pelada, por ahí. Salíamos al atardecer, volvíamos al otro día a media mañana. A caballo,  cantando con el pajarerío, atravesando el espinillar.
Se aprende con cierto tiempo, el silencio, las estrellas, las noches sin luna, el fueguito, (hablar poco es decir todo). Me enseñó la tansa, la plomada, la carnada, el anzuelo, el mojarrero, la boga, la virreina, el manduré, la cuchilleta, la mojarra y la paciencia.
Ser milico y peronista no es fácil. Nacido en Puerto Tirol, Loreto Dolores Almirón, alias Amadito, se suma a las filas del ejército luego de la colimba; único modo de salir de un destino de peón de chacra y borrachín de pueblo. Lo destinan al RIM 29 de Junín de los Andes. Aprende a esquiar, se enamora del andinismo y de mi madre, Ena, hija de mapuches. Sube al volcán Lanín con la primer expedición militar y hace cumbre en pleno en invierno. No hay registro de la hazaña. A mi padre y a otros dos camaradas montañistas, le correspondía ser condecorado con el Cóndor de Oro por la proeza, y esa medalla le iba a ser entregada por el mismo General Perón (corría Julio del ´55) Cuando comienza el golpe ya corría el rumor de que los tres expedicionarios dejaron un busto de Evita en la cumbre. A los dos meses comienza la Revolución Fusiladora. Matan al General Valle en el ‘56 y a un sinnúmero de suboficiales en todo el país. Hasta ahora no se ha investigado la feroz purga que quebró al germen del peronismo en el ejército; nunca más fue el mismo. Estuvo preso en un calabozo durante meses…me salvé diciendo que no era peronista, me dijo una vez apenas en un hilo de voz. Padeció en silencio la muerte del General, padeció a Menem y a todos los bandazos con que este formidable movimiento surge y resurge de las entrañas del pueblo una y otra vez. Nunca gorila y por peroncho jamás olvido sus orígenes de pueblo y calle de tierra. Antes de irse, su corazón vibró de nuevo con Néstor y el pueblo en las calles.
 Una noche, frente al Paraná en una noche nublada y sin luna (cuando no hay luna no se ven las manos y sin linterna es como estar ciego), se me hizo una galleta en mi línea, descomunal. El nudo era imposible. Lo mejor era cortar, añadir y seguir pescando. Él, en silencio tomo mi madeja enredada y comenzó , sin linterna y con el sólo tacto a desenredar. Una nube de mosquitos se posaban en sus manos, en su cara. Habrá pasado, una hora, dos?. Me entrego la línea en silencio, desenredada. Luego me dijo por enésima vez, cómo se hace para pescar en la oscuridad  sin que la línea se enrede. Ya lo sé, aunque no parezca...
Es la misma línea que sostenía la noche anterior a morir. Lo sostenía en el aire en la habitación infecta de la clínica. Miraba algo sobre la pared blanca, qué ves papá?, le pregunto. Su laguna de Puerto Tirol, los hermanos, aquella novia, el Huechulafquen, un cóndor de alas doradas?. Me mira como despertando y tratando de entender; que hago acá, quién es el que me habla. Luego levanta el índice otra vez, sostiene la línea, el pulso delicado, vibrante, del agua rozando el nylon, el pez que se acerca, mordisquea y muerde la carnada de tripa. Así levantaba su mano en el cuarto infecto, blanquísimo, séptico, en dónde la gente muere sola. Qué había en la punta de su línea?, qué esperaba, qué sentía en el aire caliente del Paraná, esa noche de invierno con el fueguito y la ollita de hierro, el pan rondín, el salamín?. Su mano de niño. El latigazo del hambre, el cuchillo tintineante, la voz de la abuela Laí. La madre que nos mira cuando nos vamos a ese otro lugar. Amadito…Amadito?...estás ahí, dice la abuela en esa madrugada de no sé cuándo.
Así se fue Loreto, mi padre peronista y milico. Solito o tal vez poblado de todos los recuerdos, los amigos, las novias, los hermanos, la parentela toda en procesión; el Congreso de Almas que nos acompaña en el final.


lunes, 3 de febrero de 2020

Reza tu hora







No seas el ángel quieto
Reza tu hora, tus amigos
el alba y otra vez la lluvia
No imagines  aquél sendero
el río, la cascada, el mar
al que sonríe y el que llora
No imagines tu imagen
No merodees la vida
ni su contraparte
Reza una oración amorosa
con tu amigo
Nombra su nombre con decoro
sereno, manso en la noche.





martes, 28 de enero de 2020

El ombligo








El ombligo
Un rumor de alegría entraba anoche del living al cuarto. Decidí apagar la luz y de inmediato el sueño se me fué. Entra el barrio por la ventana atorada de la Medrano. Escuchan música, se ríen y se ríen. No les importa el mundo y lo bien que hacen. Mirándose con candor el ombligo, festejan estar. El ombligo, único lugar  concreto que nos conecta a nosotros mismos (antes de que el cerebro, nos sacara del mundo). Desde el vientre se viene a la vida y desde ahí a la muerte (el cerebro no ama lo real), sabemos que el ombligo somos nosotros conectados al mundo. Y viceversa.
Flotan como insectos en la luz blanca. Bailan el frenesí del sin saber, al compás del Aquí y el Ahora; celebran encapsulados, burbujitas. La habitación parece poblada por mí; sin embargo son más. El dolor multiplica al dolor y desdobla a todos los seres que me habitan…somos unos cuantos.
La piedra disuelta hierve en el hielo, escribo en un anotador. Llueve el mundo y sus criaturas.




miércoles, 22 de enero de 2020

La hojarasca

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I
Vi Memorias de un Asesino (2003) de Bong Joon-ho. El amigo Bong, autor de Parasite(2019) ya bendecido por Hollywood y Cannes tiene dos opciones, seguir haciendo cine o dormirse en los laureles. Sus películas está llenos de una humanidad tan rotunda que creo que va a optar por el cine.



II
Tuve un breve paso por la Escuela Juana Manso poco antes de la dictadura. Arranqué la secundaria en la ENET Nº 2, allá cerca del Puente General Belgrano, pero repetí primer año a causa de una muchacha llamada Gladys, compañera de curso que me tuvo  a maltraer y en el jaleo amoroso (y no correspondido), dejé los libros. La Manso funcionaba donde es hoy el ACA; Mayo entre San Juan y Mendoza. Todavía conserva la fachada, en un piadoso gesto de los funcionarios que de ese modo, “cuidan” el patrimonio cultural arquitectónico de la provincia; detrás de la “fachada” hay un enorme garage. A La Manso íban los que repetían en otros colegios y los pobretones ( yo asumía las dos cosas). O sea se juntaban en sus aulas una runfla de impresentables de toda laya: Patricio, Silvia, Sara, Reyes, Carlitos, Nidia. Hace poco me encontré con uno de ellos en la galería Junín. Eran las 9 de la mañana y venía del Casino arrastrando un vaho a escocés del bueno. Gomecito se hizo chef de un barco factoría y recorrió el mundo sin bajar de ellos para nada excepto para comprarse un buen wisky. Siempre con una sonrisa. Imposible entablar charla en serio con él. De un humor de barrio, simple y juguetón, la charla con él es someterse a una metralla de anécdotas, una mejor que la otra. Me contaba que un ACV lo bajó del barco, que un médico le indicó que debe dejar el wisky y que él le dijo que Claro…ma vale. y ahora disfruta la familia porque así nomá e’  la vida.   
En aquel entonces, principios de los ´70,  íbamos a tomar mate y escuchar música en un flamante tocadiscos a casa de Eli, por Paraguay y Junín. La recuerdo con su pelo negro recogido en la nuca que se lo soltaba ni bien pisaba la vereda de la escuela. Elena, no se sacaba el guardapolvo estando en su casa; se lo dejaba puesto con sus mocasines y su medias azules siempre bajas. 

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 El rock nacional no existía, pero el Flaco Spinetta ya había grabado su primer álbum. En un arranque de no sé qué, Ely me regala ese primer álbum, el del payaso rosa y la lágrima.
Ya tengo 60 años y puede asegurar que hay cosas que te salvan de ser una peor persona. Para mí fue la música y entre ellas la del flaco Spinetta; está en esa Vía Láctea que hizo de mi adolescencia correntina una cosa menos penosa, menos patètica. Con él frote la lámpara y ya sabemos que cuando sale difícilmente regrese. Para cualquier provinciano de entonces, no era fácil escuchar y mucho menos ver  a aquellos músicos. Vívidamente recuerdo haberlo visto al Flaco Spinetta al frente de Invisible por la Tv haciendo Azafata del Tren Fantasma. Una especie de alucinación catódica; trillones de fotones al rostro. Supongo que fue Sábado Circulares de Mancera, no recuerdo otro programa musical que fuera capaz de poner al aire semejante dispositivo de música e imagen: Invisible. Flaquísmo, con el palo largo, la mirada desquiciada, vestido con sólo un jardinero de jean. Colgaba de sus hombros una enorme Gibson ES- 335 y sin embargo se movía como una marioneta. Por fin su rostro en vivo y en directo; un ser del medioevo, algo extraterreno o algo así.. La imagen hipnótica en Blanco y Negro del Flaco no me permitió ver que detrás estaban Machi y Pomo; el power trío más extraordinario del rock argento y uno de los mejores del mundo. En el ‘76 compré El Jardín de los Presentes en Breyer y dos temas del álbum me dejarón una huella (como una cicatriz), en la psiquis, imborrable hasta hoy: El Anillo del Capitán Beto y Niño Perdonado. Sólo por esas dos canciones siento una gratitud fraternal y eterna al Flaco. Eso, eterna y fraterna. El pariente que se elige. El hermano mayor que sin hablar te dijo todo. O casi todo. Ese “casi” va a cuenta de cada uno.
Aquel álbum que tuvo entre sus filas a Tomy Gubitch, Mosalini y Mederos, a la sazón era apenas el noveno álbum de una carrera sin parangón.
 Abelardo Castillo escribe en El que tiene sed: “En esa cama había leído los libros más hermosos del mundo y había soñado despierto los libros que escribiría para que un muchacho de otro siglo supiera que había tenido un hermano en el tiempo”.
Entonces y tal vez hoy, me falta mucho por entender;  la historia del paìs, mi barrio, mis amigos, mis hijos, en compañía de Luis y su música. Sin proponérselo es lo que hacen  ciertos colegas en este viaje fugaz de la flecha del espacio- tiempo y con los que terminan siendo la parentela que nos va a acompañar los últimos segundos de paso por este mundo. Él -el pariente cósmico-,  siempre nos va a preguntar porqué nunca oímos la hojarasca crepitar…


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sábado, 18 de enero de 2020

El poeta y el colibrí



Monos, de Alejandro Landes. Un tipo jóven de no más de 45 años. Tal vez menos. Cuando se le pregunta qué cine le gusta, nombra a Reygadas y a Amenábar.
 Recomiendo del primero Luz Silenciosa. Un cine de planos y encuadres donde el tiempo se precipita, detenido. De ese oleaje deriva el cine latinoamericano. Fluye en remolinos. Un cauce caótico como la historia que nos tocó transcurrir desde el trauma de 1492. Cierto cine da cuenta de ello. No todo el cine, pero con ese "cierto" basta y sobra para ver.

Mientras oigo Por del Flaco, me viene al corazón Jorge Sánchez Aguilar, poeta. Decir "poeta correntino" es una disquisición topográfica al pedo.
Enero de 2020. Salimos de el Patio Cultural con Joaquín. El olfato nos llevó de un flyer a una dirección por la Yrigoyen. Yo estuve ahí, me digo. Corría el `85/86 fin de la primavera alfonsinista. En uno de aquellos años voy a un Taller de poesía dictada por Jorge. En ese entonces, como todo buen hijo de la dictadura, creía que que ciertas cosas suceden sólo con algo de voluntad. Entre ellas, escribir poesía.....
Hasta que un día subí al piso del poeta, (por la misma Irigoyen en dónde estoy entrando ahora, un santuario, tierra sagrada) por la misma puerta de hierro con Joaquín a mi lado. Él está sentado al medio en una posición que  la imagino un poco incómoda . Hay pastafrolas en un costado, sillas y gente variopinta, entre ellas al imprescindible, Tony Salazar. Me acerco y lo abrazo en cinco pasos que duran unos treinta años. El piso de baldosas en ajedrez me sostiene apenas. No me sale nada de la garganta y sólo lo miro. El que me enseñó Gelman y Caldáliga, y Cadogan y los Hnos Boff, me abraza.
 A propósito de Gelman, dijo algo así como: Hay muchos poetas y poca poesía....con lo cual mi voluntad se fue a la misma mierda...
Ahora escúcho Alarma entre los Ángeles y estoy en el patio del poeta. Habla uno, luego otro. Entonces Jorge Sänchez Aguilar toma la palabra, lee, y una galaxia de colibríes empieza a zumbar en el patio. Forman una caravana, una bandada o algo así y nos llevan a ese lugar en donde cruje el fuego. Un asiento de fogones, creo. Algo que se cierra en a garganta y de tanto no salir se qued en el pecho, en el plexo. habitándolo todo. El poeta habló.  


https://www.facebook.com/pablo.almiron.35

viernes, 17 de enero de 2020





"Donde hay dolor habrá canciones"

Que la mano arde cuando se tiene ganas de escribir.
Que no importa las razones cuando las causas reinan. Eso es parte del estar en el fuego de los días sin ton ni son. Tengo tres camisas blancas colgadas en el balcón de mi barrio. Una toalla sucia. allá lejos titila una luz roja sobre los monoblocks.
Me ganan las ganas. Es así...