miércoles, 12 de noviembre de 2014

Salir a correr II




La costanera es una frontera. Hacia adentro y hacia fuera. Los de afuera nos miran, los de adentro miramos hacia fuera y hacia adentro. El Paraná traza una línea que divide una larga calle en dos veredas. Nosotros, los correntinos, creemos que la vereda nuestra es la única que existe.
Corro por 45 o 60 minutos. Coloco el auto en un extremo y desarrollo las distancias de modo que me permita volver al punto inicial en el momento justo. 30 de ida, 30 de vuelta…Dos ríos transcurren esa vereda sembrada de palos borrachos, palmeras y lapachos. Una, la del río líquido de agua, la otra, la del río líquido de autos. El de agua debe tener unos 60 mil años, tal vez el doble. El segundo,  va a durar lo que un pedo en una canasta.
Los muros de la baranda perimetral, tienen casi los años de la ciudad y de a poco se fu el suyo.  territorio y sin poseerlo, deja un rastro ominoso en un lugar que nunca sery nombre y sin fecha precisa. El extranjeré extendiendo, hasta llegar a la Costanera Sur( un engendro inspirado en Las Vegas). Nos vamos a dedicar por obvias razones a la vieja costanera.

Quien sale a correr puede notar que cada muro posée mensajes de otro mundo. Escritas por seres extraños que vienen del otro lado de las avenidas, más allá de la Independencia, más allá de la Artigas. Hacia esas zonas en donde  se aventuran sólo los micros y remises. Ingresan por la Av del 4to Centenario, la Cazadores Correntinos, la Av Maipú, más allá del km 3.  




 Los extraños, escriben sus nombres con delicadeza sin igual, con corrector blanco y en tipografía variopinta. En cada muro ese rumor lejano se hace presente. El extranjero, como tal,  muestra su hostilidad dejando una marca que nadie pide, que nadie necesita. Ingresa al territorio ajeno y sin permiso deja su nombre escrito en los muros y regresa a sus caseríos, barriadas imperiales de motos, carros, visera y ojota. Simplemente se describen  con nombre y lugar. Con lugar y nombre y sin fecha precisa. El extranjero entra al territorio y sin poseerlo, deja un rastro ominoso en el lugar que nunca será el suyo.
Sus nombres parecen sacados de revistas de modas de esas que se leen en las peluquerías: Brian, Kevin, Jessica…agregan siempre una vocal: Margaa, Miica, y cierran el mensaje con el nombre del territorio del que vienen..del 17, de Pueblito, del Ongay, del Esperanza, las Mil. A veces son grupos de tres o cuatro los firmantes, entonces la rúbrica tiene un detalle que resume el sentido de la incursión: Los Problemáticos, Las Sin Código, Los Mal Llevados…compran una botella de gaseosa y se sientan de cara al río a mirar algo que tal vez sea lo único que, siendo de nadie, lo sienten propio.





Se hacen ver a través de sus nombres y aun así nadie los ve , excepto que se pongan enfrente, amenazantes y con la vista baja. Cuando cae la tarde, regresan. En micros o en sus motitos de baja cilindrada como caballitos de juguete.
Se reúnen luego en las esquinas del barrio a comentar sus patrullas. Muchos de ellos no conocen esas zonas de luz, autos, zapatillas y hamburguesas caras, de mujeres intocables. 
Cuando ellos no están, la costanera es un lugar apacible, sin conflicto.

Nuestro.


Los dibujos son de Ryan Larkin, genial animador canadiense.


domingo, 2 de noviembre de 2014

París- Laguna Seca





Se corta la luz, me despierto. Son las 14. 30. Me tiro al suelo, el calor es insoportable. Me doy una ducha y salgo al balcón a secarme con el aire hirviente de la siesta. El cuero se enfría en un bálsamo y luego empieza a arder de nuevo.
Construyen abajo, en el baldío de Laguna Seca. Ocho obreros trabajan bajo el sol. Cavan unos 10 pozos cuadrados para las futuras zapatas. Ya instalaron el pequeño obrador en donde doblan los hierros para los columnas. En esa única sombra, hay seis motos y dos bicicletas bajo el único timbó que queda en el baldío. Uno de ellos suelda en cuclillas. Desde acá el chispazo del arco voltaico, parece el de un encendedor de mano. Todos están vestido con pantalones de trabajo largos, remeras mangas largas y gorritas de visera. Uno de ellos, el que cava en la primer pozo de la fila, lleva un pantalón de fútbol hasta las rodillas de color rojo y una de mangas cortas de un color indescifrable. Todos usan gorras, no sombreros. Gorras.
Uno de ellos se separa del grupo y cruza la calle de tierra. Regresa luego con unos botellones de hielo. Cinco botellones de plástico escarchado. Los rompen contra el suelo y cargan los trozos de hielo en termolares. Pasan una par de chicas en moto y los dos de este lado le dirigen un par de miradas y luego se agachan y siguen cavando. Están hundidos, casi por arriba de la cintura. Hace 20 minutos que no paran de sacar tierra. Con una manguera le tiran algo de agua para doblegar el suelo reseco y vuelven a cavar. Los terrones son negros primero, ahora son de color rojo.


Domingo de lluvia. Ahí está el baldío, el timbó en el fondo, los pozos. Más abajo los techos de la línea de garajes. A la izquierda la Medrano y más allá de la palmera, la Cazadores Correntinos. Los obreros, imagino estarán con sus familias.


 Otra muchacha distrae su atencion. Se acerca a la línea de garages al pie del monoblock. Está recién bañada. Abre una de las puertas de chapón verde. Tiene una solera blanca livianísima, jean azules y lleva el pelo suelto. Sostiene un celular y unas gafas oscuras en su mano derecha.  Por momentos mete los dedos entre el pelo castaño y lo agita para secarlo  en la leve brisa caliente. Alguien está dentro del garage que no puedo ver. Todos siguen trabajando, uno de ellos sin embargo no puede dejar de mirarla. Es alto y con el rostro aindiado. Ahora toman más agua, el hielo de los botellones se derriten bajo el sol y beben al agua helada, se lo pasan de mano en mano. La piba habla con alguien dentro del garage. Un VW gris, muy nuevo hace su aparición. Retrocede muy lentamente. Hay dos mujeres adentro. Una de ellas va del lado del acompañante y es una niñita de unos 8 años. Ahora son tres las mujeres: la que maneja, una niña y la muchacha. El auto termina de salir. La mujer baja y la niña tambien. La muchacha decide recojerse el pelo sobre la nuca. Lo hace en un solo movimiento con el sujetador que lleva en su muñeca. Es obvio que son madre, nieta e hija. Las tres son iguales. Vestidas de blusa blanca sin mangas, pantalones, y con el pelo del mismo castaño recojidos. Unidas las tres por un solo color de piel trigueña.
Las tres mujeres idénticas husmean en el baúl. Están inclinadas por la misma curiosidad. Algo se perdió. No se levanta el tapaloneta. Uno de los tensores ya no está. La madre hace un gesto de contrariedad. Se golpea la pierna con las palma de la mano como castigándose. Es nuevo y ya se rompió!, parece decir. Cierran el baúl,  ahora lo abren otra vez, para cerrarlo después. Trabajosamente se suben al auto. La madre se coloca  el cinturón con dificultad, está un poco gorda. Se inclina para deslizar el asiento y no encuentra la palanca.  Lleva la cintura hacia adelante. El asiento esta muy adelante, la panza casi toca el volante. Se resigna, se aferra al volante con las dos manos y se dirige lentamente hacia la avenida.  Acelera demasiado, el auto pega un brinco y el motor se detiene. Lo enciende de nuevo y avanza hasta la esquina a 10mts. Allí se detiene ante el flujo de autos y motos que no paran de pasar por la Medrano. Decide pisar la avenida. Dobla y se coloca casi en el medio. Un micro se le pone detrás, acosándo a las tres mujeres a bordo del VW gris. El chofer le coloca la trompa del micro amarillo casi encima. El motor se detiene otra vez. Bocinazo, una y otra vez. Me las imagino adentro de la cabina apremiadas por los bocinazos, hablando las tres juntas. Logran encender el auto. Lo desliza lentamente a un costado de la vereda y ahí se quedan dentro, un largo rato. Los autos y motos pasan veloces hacia la curva de Cazadores Correntinos.
Uno de los obreros ve pasar a un heladero en bicicleta que hace sonar su campanita. Lleva una caja blanca con el logo de El Polo escrito a mano en color rojo. Le grita desde el pozo: Mi gente, a cuanto?!?. El heladero lo saluda y sigue su camino.
Vuelve la luz, regreso a la habitación, el ventilador esta encendido. Enciendo la tele. Abierto de París. Juegan el colombiano Giraldo y un rubio sudafricano de apellido Anderson. En Paris son las las 8 de la noche, acá en el barrio Laguna Seca, casi las 15. 40 hs. En los extremos de la cancha donde la cámara más permanece, están los principales auspiciantes: Rolex, Lacoste y Peugeot. En los laterales, Gatorade y Ricoh.
Gana Anderson el primero. Giraldo recciona, el equipo está preocuoado, 5-5, se corta la luz. Salgo al balcón otra vez. Uno de los obreros se levanta la remera hasta el pecho y deja al descubierto su enorme panza. Es el único que trabaja descalzo. Tiene un cuerpo prodigioso de grasa y músculos. Parece incansable. Se seca el sudor con el dorso de la mano y se inclina de nuevo, pala y pala. Pasan dos niñas casi adolescentes por la calle de tierra. No las miran.
 Voy a la ducha otra vez, humedezco la toalla y me siento al balcón. Regresa la luz.
En los intermedios de cada set las empresas auspiciantes ofrecen Ibupirac, Universidad de Palermo y colchones Simmons. Toyota Plan de ahorro. Fin de espacio publicitario. Luego, en otro intermedio, Hipotecario, Home Banking Autoahorro VW, Gillette, Champion League. Fin de espacio.
Ahora en la cancha central juegan Djokovic y el  alemán Kohlschreiber. Son las 16.hs. El serbio, número uno de la ATP, se convertirá desde el torneo de Roland Garros en el embajador de Uniqlo para los próximos cinco años, la marca de ropa japonesa. Remera, pantalones y medias, adornado con líneas rojas y azules, colores de la bandera serbia. Trascendió que la empresa nipona le pagará cerca de US$ 6 millones por temporada, al serbio por usar esta indumentaria. A eso hay que agregar las zapatillas adidas personalizada con su firma y el logo de Peugeot en su manga izquierda. Sus padres se han separado, dice una entrevista, pero Novak esta preocupado por Federer que le pisa los talones. El suizo es un elegido. Otra vez segundo en el ranking y cerca de ser el número uno otra vez. Según la revista Forbes, en 2013 a junio 2014 está séptimo entre quienes más dinero obtuvieron en el mundo del deporte. Fueron, por todo concepto, 55 millones de dólares, pese a los contratiempos físicos y la falta de confianza. Este año, con una sensible mejora de rendimiento, sobre todo a partir de la final de Wimbledon, no computada en el informe de Forbes, se estima que ya igualó esa cifra. En total, el suizo habría acumulado 600 millones de dólares.
Ganó Djocovic.

Salgo a la ciudad . Cuando regreso los obreros estan sentados en el suelo, acostados, unos acá, otros más allá. Un cerveza helada corre de mano en mano. Uno de ellos se desprende del grupo y regresa con dos más. Son las 19hs, hora de Laguna Seca.

El balcón de Laguna Seca. Novak Djokovic juega la semifinal con el canadiense Raonic. Federer no puede ser número 1. Supongo que estará mirando el partido por Tv en hd Full.




jueves, 2 de octubre de 2014

Salir a correr I





             Empecé con unos mareos  y terminé diagnosticado : hipertensión.  Menos sal, Losartan 50mg media pastilla a la mañana y el resto a la noche. El jóven cardiólogo (qué puede saber del corazón un tipo jóven?, digo yo...), me dijo muy suelto de cuerpo que el panorama era “severo” y el peor escenario es un ACV.  Recomendó caminatas de 45´ y antes de que terminara la frase ya estaba caminando raudamente.
Nunca me percaté demasiado en los caminantes de la costanera. Ser uno de ellos me da cierta autoridad para hablar ya que ahora, soy uno más, no?.


La costanera de Corrientes digámoslo de una vez, es una vidriera. Por eso la gente se sienta a tomar mate, dando la espalda al río. Lo bueno del paisaje es la gente, no el Paraná: uno de los ríos más impresionantes del planeta. Jaime Dávalos lo dice mejor  en El Jangadero: “fabulosa lampalagua”.
Los caminantes no se tocan, no se hablan (excepto cuando se sale en grupo), se cruzan fugazmente. Los semblantes son casi siempre de circunspección(¡?), cada uno concentrados en el paso firme y la mirada casi siempre en el más allá.  Nadie se saluda y si lo hacen es “de pasada”. Rigurosos jogging, zapatillas, buzos, a la moda, eso sí. Todos somos de clase media (media baja, media media, media alta…). Los de clase baja caminan tambien. Son los que limpian y barren la costanera correntina, para que luzca impecable. Antes, hace mucho tiempo atrás,  los barrenderos eran sólo hombres. Hoy gracias a la igualdad de géneros, hay barrenderas, albañiles, policías mujeres a la par del hombre/masculino, sin ofender. Los restos de las flores de lapachos son sus penurias hoy. Barriéndolas, amontonándolas, juntándolas y meterlas en unas bolsas de plástico, todos los días de cada día (recoger los restos de los de arriba , la humillación cotidiana de los de abajo). 



Hoy ví una bandada de mbiguá tomándo casi toda la Punta Tacuara. Eran mil o tal vez dos mil.  Se dejaban llevar por la corriente con su línea de flotación baja, que lo hace parecer a una víbora sacando la cabeza del agua, siempre de perfil como si supieran quién los mira, mirando hacia el puerto. Me pregunté si cazaban, si esperaban algún cardumen, si era una emboscada de dos mil contra cien mil. Pero casi no se movían. De pronto uno vuela, lo sigue otro, y otro. Una columna de 100 misíles se adelanta y aterriza casi sobre el Parque Camba Cuá. Los tengo ahora ahí ante mis ojos. Mil mbiguá como dibujados por algún dios, todos mirándo hacia el puerto.
La costanera Correntina, territorio dominado por chicas y autos tuneados. Nos levantamos temprano a caminar, a caminar y caminar...
Voy a ilustrar estas crónicas con dibujos de Walking de Ryan Larkin. La recomiendo sólo para entrar al universo de su autor. Un desangelado de esos que describen como nadie a la especie humana.






sábado, 20 de septiembre de 2014

Grupo La Mano, cine en VHS



A fines de los 80 nos compramos una cámara SVHS en sociedad con Alain Charpentier. La idea era vivir del video y esas cosas (!?).
Nos conocimos en la Carrera de Comunicación Social, la escuelita, enfrente de la Plaza 25 de mayo. La profe de Teoría de Comunicación nos presenta a Saussure, la Casco al Informe Mc Bride, Merlo a Weber y los atributos del estado Nacional Moderno, pero de cine ni hablar. La Comunicación Popular era una lucecita que se acercaba a través de libros que conseguíamos de mano en mano (Editorial La Crujía), la Fin de Siglo nos lleva a la Crisis con Eduardo Galeano y su staff de guerreros de la letra bien escrita. Salimos a militar en la Radio Alternativa Comunitaria Pío X( una experiencia de comunicación popular única e indeleble), y el amor al micrófono nos acompaña hasta bien entrado el nuevo siglo. En ese proceso la amistad se nos mete en el corazón como un condimento agridulce, siempre hasta la madrugada, siempre caminando o en bicicleta y en las barriadas. Disipación, política y el deseo omnipresente de vomitar en todo momento: corrían los 90.
Intervienen la Provincia de Corrientes. Claudia Bello desembarca con un grupete de yuppies menemistas con ganas de entrarle a todo.  La aldea comienza a hervirse en un caldo que estalla en el 99.

"Este mundo, esta empresa, este mundo de hoy 
que te esnifa la cabeza una y otra vez 
en una línea y otra línea 
y otra línea más.
Voy cumpliendo como puedo
yo trabajo acá "
Rock para los dientes. Patricio Rey

Estoy en esos días en TCC, el canal comunitario cuya antena se instala en lo alto del tanque de agua del Hogar Escuela. Manejo una Panasonic de piso, flamante. Yo mismo abro las cajas que vienen de Baires, trípodes, cables, consolas, luces. Ahí lo conozco a Tedy Bustamante. El canal sale a competir con Canal 13 de Corrientes y por segunda vez estoy en un proceso comunicativo fascinante y fugaz. Ahí comprendo cómo se hace Tv de aire, casi de la nada y con un grupo de improvisados maravillosos. 

 En ese momento decidimos comprarnos la AG 455, dos inalámbricos Azden (con la idea de rodar Un Toro Verde), un trípode Manfrotto. Nunca supimos hacer un puto peso, pero arrancamos con el cine. De prepo. Tedy , me da un par de lecciones de mala gana con sus modos pachorrientos y siempre justo, con toda la experiencia encima. Una noche de lunes, al lado del Paraná, se lo agradecí. Él respondió apenas con una sonrisa y cambió de tema.
Lo primero que hicimos con los amigos,  fue rodar un mediometraje. La Noche Boca Arriba cayó en mis manos no sé cómo. Siempre pensé que estaba incluído en Todos los fuegos el Fuego y hoy me entero que es uno de los cuentos de Final de Juego. Ya para entonces había leído Rayuela y El libro de Manuel. Nunca me gustó mucho Julio Cortázar, pero el cuento ya lo elegí y en un sólo movimiento, elegimos actores y locaciones. La adaptación es una total falta de respeto, pero de eso se trata adaptar.
El protagonista es Horacio "Chirola" Fernández , obviamente , aunque en ese momento no era tan obvio. Nuestro protagonista sufre un accidente en una moto y comienzan sus alucinaciones: unos indios lo persiguen. La ficción y lo real es lo mismo. Dos realidades colisionan en la cabeza de un tipo: una doméstica , la otra sucede en otra dimensión. Yo, para eso, había probado con hongos alucinógenos, por lo que la experiencia me resultó relativamente sencilla. 
Los actores secundarios eran un montón. Dos locaciones para las dos dimensiones que atormentan a nuestro protagonista. Uno urbano, el otro salvaje. Miguel Quijano nos abre las puertas del Hospital Vidal, las niñas Bizama (Pía camina las veredas con un delantal blanco, compra unos chupetines y luego es testigo del accidente). Las locaciones son una vieja casona de Buenos Aires al 200. El choque lo rodamos un poco más allá frente al Parque Cambá Cuá. 
Luego salimos todos a Empedrado, a rodar La Guerra Florida. Entre las barrancas estuvimos dos días de rodaje. Elsita todo terreno, Ana como siempre atizando el fuego, Mario Quinteros hace el arte, Marcelo Benítez de indio. Una patrulla desquiciada, comiendo guiso y tomado tinto de damajuana. El mismo equipo nos acompaña seis años después con Cabeza de Chancho.







 Esa es la génesis del Grupo La Mano. Cinco guachos, huérfanos de padre y madre, hijos de la dictadura, transitando los 90 como pisando vidrio.








domingo, 14 de septiembre de 2014

El Amor es filoso ( invocaciones sobre La Ballester Molina)




No sé cómo arrancó la idea original de La Ballester Molina. Creo recordar unos días de excesos en San Cosme con unos amigos, una pileta, una casa, música y mucho alcohol. Un árbol de mango enorme, nos guardaba del sol del verano que calentaba el arenal de las calles del pueblo.
Horacio entraba y salía de sus remolinos. A veces se pone como un volcán . Otras veces no se puede más que reirse. Ahí estaba al borde de la pileta, de madrugada y al amanecer. Desnudo.
Con Alejandro imaginamos una emboscada. Una balacera descomunal. Un tipo que acepta la muerte, cansado de que lo persigan. Se inmola. Tal vez es el único modo de huir de la traición y la vergüenza: La muerte violenta y heroica. Un trazo de fuego para que lo recuerden así, de pie y perforado por cien disparos. Eso creo recordar. El guión nace de esas peripecias del pensamiento y sus primeras visiones, como alucinaciones. 
Bien después aparece (tampoco sé en qué momento..) una pistola: Una Ballester Molina. Investigué después. Sólo después. El acero estaba antes. El resultado inmediato de la Revolución Industrial, el hombre por sobre el hombre. Las matanzas masivas, el control sobre la naturaleza, siempre masculino. El acero convertido en arma. De ahí nomás estaba el filo cerca. El cuchillo, la hoja delicada que trae a la muerte consigo, otra vez. 
El guión se retuerce y se busca a sí mismo. Está vivo porque sus criaturas se mueven, piensan y sienten. El Macho Humano comienza a agotarse. Ya no hay qué fecundar. Lo que toca el Macho, se muere violentamente. El Capitalismo es su hijo y sale a matar. Demasiada testosterona en la factoría del mundo.
El guión comienza a hablar con voz propia y se empuja a sí mismo. Se justifica , porque se mira a los ojos en el espejo aun borroso. Nuestro macho tiene nombre: Dionisio.  
Tiene pasado: asaltante de camiones blindados. Tiene un sino: no conoce la piedad y mata con un tiro en la frente a quién lo mira. Tiene un arma: Una pistola Ballester Molina.
Sin embargo, dónde está?. Qué hace, cuando, con quién?. Cómo se viste, qué come, que sueña. Porque está ahí en un pueblo del interior correntino llamado San Cosme?. Las escenas se disparan junto al posible encuadre. La luz ingresa y da forma al rostro atormentado de Dionisio que duerme con los ojos abiertos. Qué guarda en su corazón?


De ese modo, el antiguo jefe, el bandolero, escupe sangre en las mañanas. Una dolencia en la espalda le adormece medio cuerpo. Ritualiza sus domingos con Old Smmugler, al borde de la pileta, su anillo,  los Ray Bans Aviator y la música que lo acompañó en sus mejores años de criminal inocente de sí. Centrifugado por el guisky, baila sólo al borde de la pileta una canción de Mantra, como un sonámbulo.
Tiene dos amigos más que lo ayudan a fabricar cuchillos: el Rengo, el Mudo y el Payaso. Noches de truco y putas. 
Dionisio sueña con la mujer pulpo. El monstruosa hembra lo mira desde el pie de la cama. Despierta a los gritos, bañado en sudor. Esa mujer donde está?. Porque lo mira?. Cuál es su nombre?. Porque se llama Eva?
Lo femenino se abre paso entonces en el guión y cambia su sustancia. Se rompe, se revisa, se trasforma alrededor de una hembra enojada con el mundo y deseos de vengarse. Está sola. Qué le sucedió, dónde estuvo todos estos años?. Cuantas mujeres soporta el texto a filmarse. Una madre, una hija, una amante, una traicionada. El guión soporta todo si es posible de ser filmado. La Ballester Molina es femenina. Los hombres sólo decoran un paisaje crepuscular y desolado. Un reino nuevo debería emerger de tanta violencia...La niña blanca lo sabe.



Las fotos son de Leo Campodónico