La costanera es una frontera. Hacia adentro y hacia
fuera. Los de afuera nos miran, los de adentro miramos hacia fuera y hacia
adentro. El Paraná traza una línea que divide una larga calle en dos veredas.
Nosotros, los correntinos, creemos que la vereda nuestra es la única que
existe.
Corro por 45 o 60 minutos. Coloco el auto en un
extremo y desarrollo las distancias de modo que me permita volver al punto
inicial en el momento justo. 30 de ida, 30 de vuelta…Dos ríos transcurren esa
vereda sembrada de palos borrachos, palmeras y lapachos. Una, la del río líquido
de agua, la otra, la del río líquido de autos. El de agua debe tener unos 60 mil
años, tal vez el doble. El segundo, va a
durar lo que un pedo en una canasta.
Los muros de la baranda perimetral, tienen casi los
años de la ciudad y de a poco se fu é extendiendo, hasta llegar a la Costanera Sur( un engendro
inspirado en Las Vegas). Nos vamos a dedicar por obvias razones a la vieja
costanera.
Quien sale a correr puede notar que cada muro posée
mensajes de otro mundo. Escritas por seres extraños que vienen del otro lado de
las avenidas, más allá de la Independencia, más allá de la Artigas. Hacia esas
zonas en donde se aventuran sólo los
micros y remises. Ingresan por la Av del 4to Centenario, la Cazadores
Correntinos, la Av Maipú, más allá del km 3.
Los extraños,
escriben sus nombres con delicadeza sin igual, con corrector blanco y en tipografía
variopinta. En cada muro ese rumor lejano se hace presente. El extranjero, como
tal, muestra su hostilidad dejando una
marca que nadie pide, que nadie necesita. Ingresa al territorio ajeno y sin
permiso deja su nombre escrito en los muros y regresa a sus caseríos, barriadas
imperiales de motos, carros, visera y ojota. Simplemente se describen con nombre y lugar. Con lugar y nombre y sin
fecha precisa. El extranjero entra al territorio y sin poseerlo, deja un rastro
ominoso en el lugar que nunca será el suyo.
Sus nombres parecen sacados de revistas de modas de
esas que se leen en las peluquerías: Brian, Kevin, Jessica…agregan siempre una
vocal: Margaa, Miica, y cierran el mensaje con el nombre del territorio del que
vienen..del 17, de Pueblito, del Ongay, del Esperanza, las Mil. A veces son
grupos de tres o cuatro los firmantes, entonces la rúbrica tiene un detalle que
resume el sentido de la incursión: Los Problemáticos, Las Sin Código, Los Mal
Llevados…compran una botella de gaseosa y se sientan de cara al río a mirar
algo que tal vez sea lo único que, siendo de nadie, lo sienten propio.
Se hacen ver a través de sus nombres y aun así nadie
los ve , excepto que se pongan enfrente, amenazantes y con la vista baja.
Cuando cae la tarde, regresan. En micros o en sus motitos de baja cilindrada
como caballitos de juguete.
Se reúnen luego en las esquinas del barrio a comentar
sus patrullas. Muchos de ellos no conocen esas zonas de luz, autos, zapatillas
y hamburguesas caras, de mujeres intocables.
Cuando ellos no están, la costanera es un lugar
apacible, sin conflicto.
Nuestro.
Los dibujos son de Ryan Larkin, genial animador canadiense.
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