domingo, 12 de enero de 2014

La nostalgia cósmica






“Los seres humanos no somos más que distintas metáforas de lo mismo. Todos somos más o menos semejantes en nuestros sueños, en nuestras pesadillas, en nuestra necesidad de amor, en nuestra despedida frente a la muerte. Incluso nuestros hermanos monstruosos. En teoría, si uno pudiese llegar al fondo de sí mismo, sin autocompasión y sin falsa solidaridad, es posible que esté tocando el fondo de la humanidad entera.”

Raúl Zurita (poeta chileno)


Hoy ví Nostalgia de la luz (Patricio Guzmán, 2010, 90´), por Isat. Justo antes del mediodía la voz en off del documentalista chileno me lleva de las orejas a su propio cosmos: La memoria y el olvido, el cielo y la tierra, el pasado y el presente, el devenir del hombre, la tragedia y la historia.


Siendo niño hacia lo que todo niño en el campo por la noche. Sin televisor y con el Sol de noche como única fuente de luz: mirábamos las estrellas. En las noches de patio, con mis hermanos, observábamos los puntitos luminosos desplazándose por entre el tamiz de luces titilantes. Los satélites se movían como liebres por la Vía Láctea. Luego con el libro de Carl Ságan me supe el nombre de la constelación de Orión: Betelgueuse, Rigel, Bellatrix y otra que no me acuerdo, formában el cuadrilatero que rodeaban a las Tres Marías. Estas eran, Miltaka, Anlitak y Alnilam. Mas allá Sirio, la más brillante de todas, en el Can Mayor con la que me comunicaba con novias que estaban lejos.


El cielo estrellado es el cosmos y el cosmos nos sitúa en el tiempo. Se adquiere la dimensión humana en un solo vistazo y el resultado es un vacío en el estómago que perdura para siempre.
Guzmán, se sambulle en la historia del país que lo exilia. Su obra máxima se llama La Batalla de Chile (200 minutos para narrar el escenso del movimiento popular chileno, que lleva al único socialismo del continente al poder, elegido en las urnas), una trilogía descomunal que debería ser de “lectura” obligada en todo colegio latinoamericano.


Acá se vuelve a sambullir y lo hace en el desierto de Atacama. El lugar es elegido por los estrónomos del mundo por ser un cielo límpido como un diamante a 3 mil mts de altura. Un par de poderosos telescopios otean el firmamento atravesando los años luz, escuchando señales desaparecidas, explosiones, latidos, susurros cósmicos. La cámara de Patricio, indaga el cosmos y su correlato terrestre. Arriba busca constelaciones, abajo busca huesos de muertos en la dictadura pinochetista. El desierto fue elegido por los verdugos para enterrar restos de asesinados.
En un escena, una madre en pleno desierto sostiene unos huesillos en sus manitas. Los describe, los lee como un antropólogo lo haría. Bien podrìan ser de un ser querido, un hijo, un nieto. A la vez un científico nos cuenta que el calcio de nuestros huesos nacieron con la primer explosión llamada big bang. Es decir estamos hechos de materia cósmica. Y tal vez el dolor, la memoria viaje tambien esas largas distancias a lo profundo del Universo. Es lo que nos dice el documentalista. El que nos recuerda las razones de nuestro estar en tiempo y espacio. El cine hablando de nosotros mismos.



domingo, 5 de enero de 2014

La única Galaxia conocida




La idea de escribir un guión sobre mi barrio se dió muy a las apuradas. Los concursos para la Tv Digital estaban en pleno curso y el grupo (que aun estaba fuerte), ya había priorizado Apipé, la isla (2012, 25´)
Llegamos al barrio Laguna Seca cuando Nahuel era un niñito. La Calle Medrano de tierra desembocaba en la Cazadores Correntinos y el monoblock B tenía un balcón en el 3er y último piso. Allí caímos con Ana, nos dieron la llave y al tiempo estábamos habitando ese dos ambientes con olor a pintura fresca. Enfrente y abajo un baldío enorme se extendía hasta los lindes de otro grupo de edificios y un ex obrador  en dónde jugaban los pibes del barrio. Ahora está poblado de casas y sólo quedan una o dos parcelas libres. 
Tenía en aquél entonces, una Panasonic AG 455, SVHS y un Manfrotto que perdí un día de rodaje de Helicóptero (2010, 5´). Con esa cámara grabé el paso del tiempo desde mi balcón. Todo ha cambiado excepto esa bellísima palmera que domina el espacio, invisible y omnipresente a la vez.
Todo cambia, todo vibra como la cuerda de un violín. 
Elegí a los protagonistas a las apuradas. Mas por intuición que por criterios narrativos. Ramón , el hamburguesero, el Perro Sid Vicius(ya muerto), Sarazúa (está perdiendo la vista), el Árbol Grande, La Esquina del Mundo....
Se fueron acomodando al compás del montaje que apurábamos con Verónica y Sotosca detrás cosntruyendo el sonido de otro lugar y sin embargo el mismo. 
Más allá Emanuel Acosta nadaba en un mar de papeles con que hizo la artística de apertura y de los bloques. Fotos digitales, luego impresas, luego rotas en largas tiritas que se apilaban en su cuarto. Demencial.

Afiche , diseñado por Emanuel Acosta y su runfla de locos de Ternura Films

Idem, tarjeta. Ta linda para una remera...

Los off, los escribía sobre la marcha y sobre la marcha los grababa con un zoom H4. 
Galaxia Laguna Seca es el caos de la Medrano, las motos de Yiyo, los gorriones de la mañana y los tiros de madrugada. No es prolija, ni linda, ni quiere aparentar nada (para eso están las modelos). Simplemente está viva y palpita como una paloma, todos los días de cada día. 
Ahora estoy harto del barrio y me quiero ir. Mucho ruido. Mis hijos han tomado el departamento con sus novias y sus amigos. Escuchan la música con el mismo que volúmen que yo lo hacía de adolescente. Y lo mejor de lo vivido tienen sus voces y sus ojos.
La Avenida Medrano no duerme nunca y para colmo pusieron un boliche de mierda en la esquina llamado Glamour
Tal vez dentro de un par de años esté en un terrenito, lejos de acá, comiendo mangos, con un perro y tal vez un alazán. Paro ahí está el barrio que lleva ese nombre alucinado: Laguna Seca.

http://vimeo.com/68406177
El video de la animación realizado por Ternura Films. 

(Galaxia Laguna Seca será emitido por el Canal 9 de Resistencia en un ciclo denominado Documentales NEA, todos los sábados de enero y febrero a las 22 hs)



viernes, 3 de enero de 2014

Siempre me chupó un huevo la Navidad



Siempre me chupó un huevo la Navidad (y el año nuevo, también , ya que está). Sin embargo, salvo un par de veces en que decidí estar sólo, asistí de buena gana a los abrazos y deseos  de las personas amadas. De la familia elegida y la otra.
Cuando vivía cerca del arroyo Pirayuí, rodeado de monte, vacas , ovejas , pavos y etcs. , era costumbre un par de días antes ir a buscar un espinillo. Papá tomaba un hacha y allá íbamos con mi hermana mayor a elegir el mejor para hacer el arbolito. La ceremonia continuaba en casa, con arena, piedras y harina que simulaba la nieve sobre los muñequitos de porcelana que rodeaban al niño Dios. Siempre mirando al cielo, gordito, con las manitas levantadas como pidiendo upa y en pañales. Era de rigor colocarle un burro cerca porque no sé quién dijo que con su aliento le calentaba el cuerpito. Más atrás los reyes magos, José y María, ovejitas y otros mamíferos. Los globitos de adorno eran bellísimos (no como las porquerías chinas de ahora), y había que tratarlos con cuidados por que se rompían, delicados como burbujas de jabón. Algunas veces encendíamos velitas que titilaban sobre el pesebre en un rincón de la casa grande.
El espinillo se secaba al mes y era el momento de desarmar todo y guardarlo en una cajas de zapatos para la próxima nochebuena (que será la nochemala?). El año nuevo era más jolgorio. Recuerdo el más lindo de todos. En el Lago Lolog, la casa de la Tía Oti. Un puesto de estancia que oficiaba de coto de caza , en dónde decían,  iban Martinez de Hoz & Cía a cazar ciervos.
La fiesta la hicimos en ese lugar. Una casa de madera apartada sobre una pequeña loma. Había vitrinas con fusiles Mauser y miras telescópicas y otras con wisky y vino tinto. Los primos teníamos prohibido siquiera tocar esas puerta que invitaban a abrirlas y ver. De todas formas, yo lo hice, y tomé en mis manos unos de los fusiles y sentí el olor al aceite y pólvora.  Un cuero de puma dominaba el piso de parquet del comedor. Una cabeza enorme, la bocaza abierta y los ojos de vidrio color verde.
En ese lugar celebramos el año nuevo más lindo que recuerdo, a mitad de los ´70.
Había una olla de clericó gigante en dónde yo metía el cucharon y me daba unos tragos de cuando. No existía la luz eléctrica en ese lugar perdido de la precordillera. Había faroles Sol de Noche y bajo uno de ellos el tío Lisandro tocaba el acordeón mientras toda la primada y tíos bailábamos a los saltos.
Me emborraché obviamente. A la hora de dormir, enfilé hacia la cabaña en dónde dormíamos. La noche era oscura y uno de los primos me acompaña con una linterna de ocho elementos. Había que atravesar un puentecillo que cruzaba sobre un arroyuelo.  Hice lo mejor para concentrarme y  apuntar al medio de las tablitas y sortearlo. No pude.
Esta navidad de 2013, la pasé bajo la parra del barrio, con mamá y papá. Vino mi hermana de Formosa y con sus hijos y nietos sumamos unas 10 personas, más o menos. Llevé la música que sé que le gustan al viejo. Cafrune, Goyeneche, Millán Medina y Atahualpa. Escuchámos en silencio los 40 minutos y pico del Payador perseguido, fascinados con la travesía del último gaucho argentino,  contándonos las “razones del pobrerío.
Mi padre , nacido en Puerto Tirol, trabajó desde niño, de modo que los viandazos de la pobreza no les son ajenos. En sus oídos las palabras de don Ata no necesitaban de explicación alguna (o sea no eran folklore). Sus ojos subian al cielo. Arriba estaban las Tres Marías, el techo de la parra y el techo de la casa. No sé bien en dónde se detenían sus ojos.
Luego de el pollo frío, el vitel toné y las ensaladas de remolacha nos metimos adentro para evitar un balazo perdido y brindamos a los abrazos ya entonados todos. Salimos luego al patio y esta vez le  dedicamos al chamamé de Millan Medina. Estaba Caraicho en pleno apogeo y algo lo hizo saltar. Se pone de pie trabajósamente, extiende la mano hacia mamá(se va a dormir pensé yo y me acerqué a ayudar) y la invita a bailar. Y ahí estaba Loreto amacándose con Caraicho Ledesma sin errarle un paso. Su cabeza (lo sé bien), tenía otra vez 20 años. Luego sonrió tranquilo y se sentó como si nada. Eso sí, la familia entera estaba anonadada.
Eso también sucede en las navidades. Por lo menos en la mía bajo el parral de la casa de mis padres. Barrio San Antonio cuera... 




 

domingo, 22 de diciembre de 2013

Justin y las idiotas







Hace unas semanas  (o sea hace mucho tiempo), los noticieros en un 20% y programas basura en un 100%, daban cuenta de un episodio con un tal Justin Bieber (cantante pop nacido en Canadá, basura progresista bajo bandera yanqui) . El hecho en sí es bastante simple. El pibe se drogó y no pudo salir a cantar, decepcionando a sus 40 mil fans en el estadio de River, la mayorìa de ellas (el pendejo tiene 18 años...), adolescentes y mujeres.  Historia vieja, sin embargo....



Hablando de música y para centrar este improvisado análisis, el término pop, fue acuñado hace más de un siglo, designado a todo lo que es de consumo popular (de ahí la contracción pop).  Desde los 50/60, lo popular empieza a  tensionar sobre lo que se considera masivo. O sea lo consumido masivamente. Los medios, las nuevas tecnologías, los poderosos flujos multiculturales que transitan en soportes que mutan a diario.
El capitalismo desde el comienzo se dedicó a perpetuar la máquina, para que no pare nunca. La obsolecencia programada comenzó con las bombillas de luz y siguió con Justin, con total éxito. Hay un documental en la red al respecto que aclara el punto del consumidor insatisfecho y que  se llama Comprar, tirar, comprar (72´, 2011), de Cosima Dannoritzer. Lo recomiendo.
 Así sean los hijos de los dueños de esa máquina, quienes pasan una y otra vez por la moledora, hasta que el hueso se confunda con la carne y salgan en el packaging sonrientes y ya clasificados. De hecho , el producto consumido una y otra vez por el Gran Antropófago, son nuestros hij@s.
Así es que ví en la tele, (en un noticiero con talking head que hace rato perdieron la vergüenza),  a una madre que parió una hija en pleno capitalismo crepuscular quejándose (las dos!!) de los 1500 $ de la entrada perdida por un pendejo que no pasa el 2020. Estremecedor!.......
En el país de Cerati y Spinetta. De Manzi y Goyeneche. De la Negra Sosa y Gilda, es una seria distorsión de todo.
Luego , la conmoción fue tal que las mismas  hijas de Rial y Tinelli lloraban al pie de ese vómito supercaro, de un pendejo que no sabe limpiarse el orto, es una prueba clara que el capitalismo se hunde en su propia mierda aquí y allá. Esas narices anhelantes de miles y miles de pibas que de algún modo también son mis hijas, huelen un perfume de algo ya muerto hace rato.


La fronteras estallan al compás de una música de mierda. Lo que viene de atrás viene de otra música parida en lo hondo del corazón humano. Y esta basura amenaza con taparnos a todos, como el último tsunami arraza pueblos enteros, inermes y en otra lengua.
Amigas queridas, carguen en sus mochilas los acordes primeros de Volveré de los ángeles Negros, de Fuiste mía un Verano de Favio, de Gieco y su Ramo de Manzanillas, Barboza y Millán Medina, el Nebbia del Vals de mi hogar,  a Ciro,  a la Mona, a Luisito Cardei, a Larralde y al Flaco Spinetta, siempre.
Con Gilda y el Potro, Horacio Guarany, Nino Bravo, Sandro, ( no escuchen a Jarreth, no es necesario, no escuchen al Dúo Salteño, a Mariana Ingold, a Cachito Núñez, al Cote Gauna , al Negro Aguirre...no es necesario. Tampoco a Robert Plant cantando Babe I'm Gonna Leave You, ni mucho menos Hendrix o Joplin en Woodstock)...Chabela Vargas, llorando el llanto de todas las mujeres,
Dejen de lado a sus madres. Escúpanla en la cara por ese legado estremecedor de nada!. Abandonen esas bombachas y sus tangas, sus pinturas y perfumes en las cartilla Avón y de productos antiage, las pastillas del último día, los polvos que se lavan urgentes en hoteles de mierda, los guisos hechos con odio, el sexo de mierda con el ventilador al palo. El legado de una mujer de catescismo dominguero.
Y por sobre todo olviden a su padre. Un ser parido por otra hembra y educado bajo el látigo de que "los hombres no lloran".
Imaginen y luego transiten un camino por el que ningún hombre pueda caminar jamás. De hembra y por hembras hecho. Nosotros, los machos humanos, sólo dejamos un lustre de dolor, maravilla y tristeza en este mundo que incluye a un pendejo de factoría toyotista, que no les dejará nunca nada en el corazón porque dentro de sí sólo hay un cadáver y pronto vendrá otro a reempalzarlo. Igual de vacío....








miércoles, 18 de diciembre de 2013

Romina y La Clotilde




La conocí a Romina en el Encuentro Nacional de Estudiantes de Cine, en Córdoba, a mediados de año.
Nos dimos cita en esa capital en dónde todo arde, con Campusano y Miguel Ángel Rossi. La charla con esos futuros cineastas, fué intensa y profunda. La idea es siempre no desparramar semillas, sino sembrarlas, con las esperanza de lo que vendrá, prontamente.
José Campusano me la presentó diciendo algo así como La muchacha más triste del mundo. Romi sonríe permanentemente, y si no, sus ojos lo hacen por ella. Me contó de su película y de las peripecias del rodaje (que bien conocemos los que cargamos esas patriadas), con sus amigos en un pueblito del interior chaqueño. La invité a que la presente al Festival Guácaras 100% Regional, y me contestó que ya lo había hecho. La promesa fué encontarrnos en Santa Ana y así fué que ví En el Mapa de Romina Vlachoff.


Con su película se cumple esa promesa que todos deseamos pero que ocurre muy pocas veces: la íntima sintonía con el público. Tal vez le sobre un par de minutos, pero desde el comienzo, su corazón (el de Romina y su película, que para el caso es lo mismo), comienza a latir con el de la gente. En un compás, en un ritmo, en una atmósfera orgánica que tiene su cúspide cuando ya no se puede repirar. El nudo en la garganta.


La aldea pintada por Romina es nuestra. De todos . Y puede ser leída en cualquier lugar del mundo.
Bien temprano Romina cumple un propósito que a veces lleva toda la vida: retratar el pueblo, el barrio, los abuelos, la breve historia que nos trajo al mundo y nos hace ser lo que somos. Estar en ese mapa, en ese pueblo de nombre La Clotilde.
Ahí estuvimos, gracias al cine.....


Romina Vlachoff - Directora (Chaco), Luciano Hernández - Productor (Viedma), Alvaro Artero - Director de Sonido (Viedma), Maximiliano Zampieri - Director de fotografía (Córdoba), e Ismael Zgaib - Montajista (Gral. Roca).





miércoles, 11 de diciembre de 2013

Guácaras, 100% regional





La primera vez que fuí a un festival de cine fué al de Mar del Plata,  después de haber rodado Cabeza de Chancho. Supongo que a principios del siglo nuevo...por ahí. Aun no la podíamos estrenar por razones obvias. Eso sería recién en 2007.
Viajamos de garrón hacia la costa, con mi amigo Pedri Aguirre. De pronto estábamos en Chapadmalal un bastión del turismo peronista sobre el Atlántico. Hecho para la posteridad en donde miles de argentinos (obreros sindicalizados, amas de casa, familias enteras) vieron por vez primera el mar. Allí estuvimos, en esos pasillos en donde aun vibraba la alegría del primer peronismo como una castañuela eterna (Manuel Ibarra,  se acercó al mar y lo tocó como quién acaricia un ser de otro mundo).

Recuerdo haber visto  en In the Mood for Love de Won Kar wai como en un trance impnótico. Luego Pollock de Ed Harris, en el que retrata el itinerario luminoso y trágico de un pintor yanqui (Jackson Pollock) bendecido por la luz y la tragedia.
De lo demás , poco me acuerdo...con Pedri andábamos con una petaca de guisky barato a toda hora.
Cuando fuimos seleccionados para la Competencia Oficial en el BAFICI, viajamos en grupo, todos los que pudimos hacerlo: Pedri, Marisa, Walter, Francisco, Pacce, Ana. Nos hospedamos en un Hotel Plaza con las toallas tan blancas que daba pena ensuciarlas. Desde nuestra habitación (se abría con una tarjeta!), la vimos a Geraldine Chaplin tomando sol en la piscina. Walter no lo podía creer y yo tampoco.  Cuando salíamos a la vereda y queríamos tomar un taxi (zona del Abasto), no nos querían levantar. Cara de peruanos y delincuentes supongo. Tenían que venir Ana y Marisa a auxiliarnos.....Luego caminamos a otros festivales y ahora sabemos de qué se trata...
Hoy y ahora, en pleno diciembre de 2013, estoy cansado...muy cansado y feliz... de trabajar en el Festival Guácaras, 100% regional. 

Hecho por amigos y de amigos hecho, para el público. La gente, que es la que da el veredicto de lo que fué y lo que vendrá. La gente, esa entelequia  disputaba por corporaciones mediáticas y conductores de tv a los que el rating se los traga de temporada en temporada. La gente en el Guacarás es concreta como el cielo, la luna y los perros del barrio. En este año premió a Correa , la difunta, de Roly Ruiz.
Salud y salud! por este festival parido por Marcel Czombos en un pueblito correntino llamado Santa Ana de los Guácaras.  




El afiche de este año. El perro existe y se llama Patricio. También vio cine como cualquier vecino




Foto de Leo Bayol en el patio de la Casa Antigua de Santa Ana. Uno de los epicentros del cine guacarense

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Un niño desnudo me ha mirado




A Nahuel

Un niño desnudo me ha mirado
Ya estoy  viejo y él brilla como un diamante.
Un pájaro breve se posa a su  lado y habla en idiomas extraños de amor y cielo .
Todo atmósfera y piedra 
Lo mira ese cielo. Habla
No vale llorar y sin embargo lloro su rostro de todo.
Su historia es mía. Por fin , mía.
Un niño con nombre nace y crece en la arena desierta más desierta.
Su amor me inunda de amor , me besa con olor a leche cuajada.
Camina tranquilo a la escuela, cruza la calle sagrada del barrio
Y a nadie hace daño su paso blanco de pájaro breve.
Dice cosas olvidadas ya. Nadie lo escucha  y se tira a dormir .
Desnudo juega.
Jugamos con piedritas comunes. Jugamos.....
Desnudos jugamos.
Apenas solidarios
en el silencio del mundo.






Nahuel, en algún lugar de la costa chilena